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Boliches montevideanos

Escrito por libreríodelaplata el . Posteado en Autores uruguayos

Una buena forma de empezar este Librerío de la Plata es hablar de los lugares donde es frecuente encontrar lectores : los boliches o cafés rioplatenses ; El boliche montevideano escontinuidad de aquel primer « almacén de ramos generales » que dos pobladores venidos de Buenos Aires, antes aún que las primeras familias canarias llegaran a establecerse en Montevideo, instalaron en un rancho de terrón y cuero ubicado en la actual esquina de Piedras y Treinta y Tres.

Y tal como lo cuenta Nery González, mientras Montevideo se poblaba, en Europa se instalaba y cobraba auge un lugar de acceso público donde dos productos venidos de América –el café y el chocolate- generaban como práctica social, la costumbre cotidiana de encontrarse en torno a una pequeña mesa y cambiar ideas, poner en cuestión las cosas o dialogar simplemente junto a otros contertulios, práctica que afortunadamente han cultivado escritores, filósofos poetas, historiadores y tantos más, en ambas orillas del océano.
El libro Boliches Montevideanos, bares y cafés en la memoria de la ciudad publicado por Ediciones de la Banda Oriental, es un recorrido por los boliches de otros tiempos que hoy viven, a través de los textos de Mario Delgado Aparaín y de la fotografía de Leo Barizzoni.

Una escritora de hoy: Andrea Blanqué

Escrito por libreríodelaplata el . Posteado en Autores uruguayos, Editorial

Andrea Blanqué es escritora, uruguaya y española, por ser hija de catalán y madrileña.
Andrea es conocida tanto por su obra literaria (La sudestada, La piel dura, La pasajera, Atlántico, Fragilidad) como por los excelentes artículos que desde hace años publica en El Cultural, suplemento del diario El País de Uruguay.

Muchos han leído sus libros, que han sido traducidos a varios idiomas, pero muchos menos son (somos) los afortunados que conocemos algunas de sus otras de sus habilidades, como cocinera y titiritera.Andrea prepara los mejores buñuelos de algas que he probado en mi vida, y esto creo que se debe al ritual que sigue para ello, que empieza con la recolección temprano en la mañana en las rocas de la playa de Punta Rubia, en la costa atlántica uruguaya y que termina con la cocción a la temperatura adecuada en una sartén con abundante aceite.

De su experiencia como titiritera, recuerdo el día que vino como voluntaria a hacer una función de títeres en un centro infantil de Carrasco Norte. El guión de su obra contravino desde un principio los cánones del cuento de hadas tradicional, el de la princesa sumisa y resignada que esperaba pasivamente la llegada de su salvador. Esa obra trasgresora, gracias a su singularidad, captó la atención e hizo participar a la mayor parte de su auditorio, que no superaba los 5 años de edad. Pero fue al llegar el final, con un alegato de “ llegará el día en que todos los seres humanos tendremos iguales oportunidades para cumplir nuestros deseos”, cuando realmente se notó el impacto que había causado en su público: una cabeza pelirroja, de las pequeñas, se elevó entre las demás y dijo “y las seres humanas también”.
Lo dicho.

Cecilia Picún Fuentes